Espacio Libre

Esteban Montaner Espacio Libre: “¿Democracia Siempre?: El nuevo papelón de Boric”

Esteban Montaner Espacio Libre: “¿Democracia Siempre?: El nuevo papelón de Boric”
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Esta tarde se estrena en Agricultura TV un nuevo episodio de “Espacio Libre”, instancia donde expertos abordarán los temas más importantes de la contingencia a través de videocolumnas.

En este espacio, los destacados profesionales analizarán en profundidad distintos aspectos de la política y actualidad nacional e internacional, entregando perspectivas nuevas sobre los hitos que marcan el día a día.

Las columnas se estrenarán todos los lunes, miércoles y viernes a las 20:00 horas a través del canal de YouTube de Agricultura TV.

En esta edición del podcast contamos el investigador de contenidos de Res Pública, Esteban Montaner, analiza críticamente el encuentro internacional “Democracia Siempre”, impulsado por el Presidente Gabriel Boric junto a líderes progresistas de la región:

Esteban Montaner Espacio Libre: “¿Democracia Siempre?: El nuevo papelón de Boric”

Democracia Siempre. Así se titula la cumbre de alto nivel que encabeza el Presidente Gabriel Boric esta semana en nuestro país. Un nombre que suena solemne, inspirador, casi incuestionable.

¿Quién podría oponerse a la democracia? Pero cuando miramos con más atención vemos que esta cumbre poco tiene que ver con la democracia, tal como la entendemos en su forma liberal, pluralista, abierta a la diversidad de ideas. En realidad parece más bien una reunión de camaradería ideológica, un club selecto de gobernantes que comparten la misma visión política, aunque cada uno cargue con sus propias crisis y cuestionamientos en casa. ¿Quiénes son los protagonistas? El Presidente Lula da Silva de Brasil, Gustavo Petro de Colombia, Yasmandú Orsi de Uruguay y Pedro Sánchez de España.

Líderes que aunque provienen de contextos distintos, coinciden en un mismo guion político, el de promover una agenda progresista que busca consolidar su influencia en la región y en Europa. Pero seamos honestos, esto no es una cumbre diplomática, no es un verdadero espacio de diálogo entre diversas visiones, es un congreso ideológico, un espacio para reforzar redes políticas, para mostrar unidad frente a quienes piensan distinto y para brindar un relato que cada vez convence a menos ciudadanos. Se han fijado tres ejes principales para esta cita.

Primero, el fortalecimiento de la democracia y el multilateralismo. Segundo, la reducción de las desigualdades. Y tercero, la lucha contra la desinformación y la regulación de las tecnologías emergentes.

Vamos por partes. Primero, dicen reunirse para fortalecer la democracia y el multilateralismo, para promover una cooperación global basada en la justicia social. Pero entonces surge la pregunta inevitable, ¿por qué sólo se reúnen quienes piensan igual? Si el objetivo es defender la democracia, ¿por qué no hay espacio para escuchar voces distintas? ¿Por qué no invitar al Presidente Milei, por ejemplo? ¿Por qué se prefiere a Gustavo Petro, quien ha llegado incluso a tratar de fascista a la oposición chilena? Esta exclusión selectiva demuestra que el discurso de pluralidad es solo retórica.

Luego ponen el centro en el debate de la desigualdad, pero es precisamente la izquierda que entiende impulsar medidas que profundizan la desigualdad. ¿Podemos esperar un cambio de visión, una nueva perspectiva en torno a la forma de reducir la desigualdad? Probablemente no. Normalmente, sus recetas terminan en políticas que asfixian la inversión, ahuyentan el empleo y terminan empobreciendo a los mismos pueblos que dicen defender.

La historia reciente nos lo muestra con claridad. Cada vez que se aplican estas fórmulas, los resultados son más pobreza, más dependencia del Estado y menos oportunidades para progresar. Es la misma contradicción de siempre, prometen igualdad, pero generan más desigualdad.

La realidad tarde o temprano se impone sobre el relato. Y llegamos al tercer eje, quizás el más delicado, la lucha contra la desinformación y la regulación de nuevas tecnologías. ¿Quién podría estar en contra de combatir las noticias falsas? Nadie quiere vivir en un mundo donde la mentira reine, pero cuando eso es un sector de la sociedad quien se arroga el poder de decidir qué es verdad y qué no, el riesgo es enorme.

Porque lo que empieza como una buena intención puede terminar como un ataque directo a la libertad de expresión. Y la libertad de expresión, no lo olvidemos, es una de las bases fundamentales de cualquier democracia. Regular las redes, controlar los contenidos, vigilar la opinión pública, son pasos peligrosos que suelen terminar en censura y autoritarismo.

Así que, digámoslo con claridad, esta cumbre no es otra cosa que una oportunidad para reorganizar al progresismo, para darle aire a gobiernos débiles, cuestionados y contra las cuerdas. Un progresismo que se siente amenazado por el avance de nuevas fuerzas políticas que desde la derecha y el centro cuestionan sus resultados, su relato y, sobre todo, su capacidad de gobernar. Es una estrategia de supervivencia.

Y algo aún más irónico, el mismo gobierno que intenta dejar sin posibilidad de votar a miles de extranjeros que han hecho de Chile su hogar, ahora pretende dar lecciones de democracia al mundo. El mismo gobierno que, calculador en mano, quiere definir que es democrático y que no, según su conveniencia política del momento. Hoy la democracia es solo lo que le sirve para mantenerse en el poder.

Por eso no nos dejemos engañar por los grandes discursos ni por los titulares altisonantes. No basta con reunir a unos cuantos líderes y ponerle un nombre bonito para hablar de democracia. La verdadera democracia se construye con pluralidad, debate abierto y con respeto irrestricto a las libertades.

Y, sobre todo, con resultados concretos que mejoren la vida de las personas y no con cumbres ideológicas que solamente ponen en tela de juicio cada una de las posibilidades de las personas de vivir mejor.

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