Esta tarde se estrena en Agricultura TV un nuevo episodio de “Espacio Libre”, instancia donde expertos abordarán los temas más importantes de la contingencia a través de videocolumnas.
En este espacio, los destacados profesionales analizarán en profundidad distintos aspectos de la política y actualidad nacional e internacional, entregando perspectivas nuevas sobre los hitos que marcan el día a día.
Las columnas se estrenarán todos los lunes, miércoles y viernes a las 20:00 horas a través del canal de YouTube de Agricultura TV.
Violencia, desorden y abandono: la crisis que amenaza a los liceos emblemáticos y la urgente necesidad de aplicar la ley Aula Segura
En esta edición del podcast, el investigador del Instituto Res Publica y académico de la Universidad San Sebastián, Julio Isamit, analizó la decadencia y ola de violencia que han tenido los llamados ”liceos emblemáticos” de nuestro país.
Hoy no enteramos que un alumno del liceo de la Astarria resultó quemado por manipular una bomba Molotov. Ayer, un alumno de Limba roció con benzina a un profesor, y la ministra Vallejo dijo que no se adelantaría a aplicar la ley Aula Segura. Una vez más, el gobierno renuncia a hacer cumplir la ley y se muestra a lo menos tibio a la hora de enfrentar la violencia.
No es novedad que de un tiempo a esta parte la educación pública en nuestro país viene en franca decadencia. La violencia se ha tomado sin contrapeso alguno las aulas, los patios y el entorno de los colegios públicos en nuestro país. La merma en la calidad y la baja en la matrícula han sido solo consecuencias de un desastre al que asistimos como testigos.
Los llamados liceos emblemáticos, que otrora fueron instituciones fundamentales para la movilidad social, hoy viven días muy oscuros. La suspensión de clases ha vuelto lo normal y los tomas y paros pan de cada día. Es un mundo al revés en el que vivimos.
Terminan perdiendo a aquellos estudiantes y sus familias que quieren salir adelante, que quieran aprender y que aún ven en la educación una forma de surgir en la vida. Ahora bien, ¿qué es lo que está detrás de todo esto? Primero que todo, la destrucción de las comunidades educativas. Conflictos entre estudiantes, apoderados enfrentados entre sí.
Profesores barra brava han logrado destruir el afecto societatis que existía antiguamente en lugares como el Instituto Nacional o el INBA. Ya no existe su orgullo de pertenecer a instituciones básicas en la forja de nuestra república por ser parte de una comunidad basada en el mérito y en la excelencia. Segundo, hay profesores cómplices, mal llamados educadores, que utilizan a los alumnos como punta de lanza para, en el mejor de los casos, resolver problemas internos o satisfacer sus propias demandas laborales.
O, derechamente, activistas que utilizan a los jóvenes para conseguir sus propios objetivos políticos. A esto se suma la presencia de alumnos cada vez más ideologizados y radicalizados, que logran que los liceos emblemáticos sean más un campo de adoctrinamiento y de práctica revolucionaria, más que lugares de aprendizaje y formación cívica. Estamos hablando de jóvenes que usan el miedo y la ley del más fuerte para imponer sus términos a sus propios compañeros y profesores.
Y no podemos olvidar la presencia de padres irresponsables, con la moral distraída, dirían algunos, que respaldan el actuar de sus hijos y justifican el uso de la violencia con fines políticas. Los mismos padres de los jóvenes que lanzan molotov y queman buses respaldan el actuar de sus hijos. También vemos una falta de autoría.
En los últimos cuatro periodos de la Municipalidad de Santiago hemos tenido cuatro alcaldes distintos, cuatro equipos diferentes de dirección de educación municipal y, peor aún, cuatro criterios distintos para enfrentar la violencia y las tomas. Con Toá era toma votada, toma respetada. Con Alessandri el famoso rompe-paga.
Con Hassler tuvimos una verdadera promoción de tomas y paros. Y con el alcalde desborde se recuperó la idea de colegio tomado, colegio desalojado. Y frente a esto, ¿qué podemos hacer? ¿Está todo perdido? Se han hecho muchos esfuerzos y los resultados han sido escasos.
Se debe recuperar el orden, la autoridad, el prestigio y la calidad. En esa línea es necesario que las autoridades redoblen sus esfuerzos, partiendo por cumplir y hacer cumplir la ley. La ley Aula Segura es una herramienta que se creó precisamente para enfrentar la situación de violencia desatada que vive la educación pública.
Y tenemos autoridades en los liceos y jueces que hacen caso omiso de la misma, deciden no aplicarla, ya sea por ideología o por miedo a perder la pega. Se debe identificar y expulsar a los alumnos violentos, a los profesores que actúan como una verdadera barra brava y no como docentes, a los inspectores que no buscan imponer la disciplina, sino que amparan la violencia. Los cómplices de esta violencia, los cómplices de la destrucción de la educación pública no pueden tener cabida en nuestro sistema.
Necesitamos autoridades valientes con la convicción de que el futuro de nuestros niños y jóvenes no puede quedar truncado por alumnos violentos y profesores sobrebiologizados. Necesitamos autoridades que no le teman a los violentos, que apliquen la ley y nada más que la ley, pero toda la ley, no solo la parte que nos guste. Aún estamos a tiempo de retomar la senda, aún podemos lograr que los liceos emblemáticos vuelvan a ser ejemplos de meritocracia, formadores de ciudadanos ejemplares y no de violentos, y por sobre todo, que vuelvan a ser un foco de luz para toda la nación.