Aunque los periodos de descanso buscan favorecer la recuperación y el bienestar, muchos trabajadores mantienen una vinculación constante con sus tareas laborales. Esta conducta extiende la jornada de trabajo más allá de la oficina y convierte las vacaciones en una continuidad de la rutina diaria.
El académico de la Facultad de Psicología de la Universidad UNIACC, Felipe Bravo, explicó que pensar ocasionalmente en el trabajo no constituye un problema. Sin embargo, advirtió que “es completamente normal tener pensamientos sobre el trabajo durante el descanso, así como pensamos en temas personales mientras trabajamos”. La dificultad aparece cuando estos pensamientos impiden un descanso real. En ese escenario, precisó que “estamos hablando de adicción al trabajo o workaholism, como se ha acuñado en la literatura científica”.
Señales y factores que aumentan el riesgo
El especialista detalló que la adicción al trabajo se manifiesta a través de conductas compulsivas. Entre ellas, mencionó “esa necesidad imperiosa de atender asuntos laborales, revisar correos o avanzar en tareas pendientes durante momentos de descanso o vacaciones”. A esto se suman pensamientos persistentes, como el temor a perder información relevante o no responder ante una urgencia.
Bravo indicó que ciertos rasgos personales elevan la vulnerabilidad. “Personas con características más controladoras o con alta necesidad de validación externa son más propensas a no desconectarse”, señaló. Además, explicó que “cuando la autoestima depende del desempeño laboral, descansar puede sentirse como una pérdida de identidad”. El contexto de inseguridad laboral y la cultura del presentismo también influyen en esta conducta.
Impacto en la salud y rol de las organizaciones
El académico advirtió que la falta de desconexión sostenida puede derivar en síndrome de burnout, estrés crónico y problemas de salud física. En ese sentido, afirmó que “la falta de desconexión puede conducir al síndrome de burnout, caracterizado por agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal”. También alertó sobre el deterioro de los vínculos sociales y familiares.
Respecto del rol institucional, Bravo sostuvo que “las organizaciones y sus jefaturas deben dar el ejemplo y evitar mensajes contradictorios”. A su juicio, no basta con políticas formales si la cultura interna refuerza la hiperdisponibilidad.
Para promover un descanso efectivo, recomendó establecer reglas claras antes de iniciar las vacaciones. “Es crucial acordar previamente qué constituye una urgencia y cómo se contactará a la persona en casos excepcionales”, señaló, recordando que en Chile existe el derecho a la desconexión, el cual debe respetarse activamente.
Finalmente, el especialista enfatizó que “definitivamente recomiendo una desconexión total desde el inicio”, ya que una disponibilidad parcial resulta contraproducente. A su juicio, un descanso real requiere límites claros y un distanciamiento psicológico genuino del trabajo.