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Cambio de hora en niños: ¿cómo ajustar el sueño sin convertir la noche en una batalla?

Cambio de hora en niños: ¿cómo ajustar el sueño sin convertir la noche en una batalla?
Cambio de hora – Freepik

El cambio de hora puede significar bastante más que mover las manecillas del reloj cuando hay niños en casa. Dormirse más tarde, despertar durante la noche, levantarse con dificultad o estar más irritable durante el día son algunas de las alteraciones que pueden aparecer mientras el organismo se acostumbra al nuevo horario.

David San Martín, académico de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello, explica que adelantar los relojes puede generar un desajuste transitorio entre el reloj biológico y el horario social, modificando tanto el momento de acostarse y despertarse como la duración total del sueño.

En niños puede manifestarse como resistencia para ir a la cama, mayor dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos, cansancio, somnolencia, irritabilidad o menor capacidad de atención.

En los lactantes también pueden cambiar temporalmente los horarios de las siestas y la alimentación, además de presentarse mayor inquietud o despertares más frecuentes.

“No existe un plazo único de adaptación para todos los niños. Influyen factores como la edad, las rutinas previas de sueño y la exposición a la luz”, explica San Martín.

La evidencia disponible ha observado que algunos niños pueden perder alrededor de 30 minutos de sueño por noche durante la semana posterior al cambio, mientras que en lactantes determinados ajustes pueden tomar más tiempo.

¿Conviene comenzar a prepararlos antes?

Una estrategia utilizada es modificar gradualmente las rutinas durante los días previos, aunque San Martín aclara que la evidencia pediátrica que compara directamente esta alternativa con no realizar una preparación todavía es limitada.

Para las familias que quieran anticiparse, una posibilidad es comenzar varios días antes y adelantar paulatinamente entre 15 y 20 minutos los horarios de sueño y despertar, junto con ajustar progresivamente las comidas y siestas.

También ayuda favorecer la exposición a luz natural durante la mañana y reducir la iluminación por la noche.

En recién nacidos y lactantes pequeños, sin embargo, no corresponde imponer horarios rígidos. “Deben priorizarse las señales individuales de hambre y sueño, utilizando la luz y las rutinas cotidianas como apoyos flexibles para la adaptación”, explica el académico.

¿Qué hacer si no quiere dormir?

Durante los primeros días posteriores al cambio, San Martín recomienda mantener una hora relativamente estable para levantarse, favorecer la actividad física durante el día y evitar ejercicio intenso demasiado cerca de la noche.

También puede ayudar establecer una rutina tranquila de aproximadamente 30 minutos antes de acostarse, que incluya actividades como bañarse, ponerse el pijama, leer un cuento o escuchar música suave.

Otro punto importante son las pantallas. Celulares, tablets, televisión y videojuegos deberían evitarse durante la hora previa al sueño, acompañando esta medida con una disminución progresiva de la iluminación.

¿Y si el niño simplemente no quiere dormir? La recomendación es evitar convertir ese momento en una pelea.

“Si no logra dormirse inmediatamente, es preferible acompañarlo con calma y disminuir los estímulos, evitando que ese momento se transforme en una confrontación o fuente de estrés”, señala.

Ante despertares durante la noche, aconseja mantener las luces bajas, hablar poco y evitar juegos, pantallas u otras actividades estimulantes.

Tampoco se recomienda administrar melatonina, medicamentos u otros productos para dormir sin indicación profesional, especialmente en lactantes.

Si las dificultades son intensas, persisten durante más de una o dos semanas o aparecen señales como ronquidos habituales o intensos, pausas respiratorias, dificultad para respirar mientras duerme o somnolencia diurna marcada, San Martín recomienda consultar con el pediatra.

En definitiva, el cambio de hora requiere paciencia. Más que intentar que los niños se adapten de inmediato, mantener rutinas predecibles, utilizar adecuadamente la luz y reducir los estímulos nocturnos puede facilitar progresivamente la transición al nuevo horario.

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