Es un dolor pulsátil o latente, generalmente localizado en un lado de la cabeza, de intensidad moderada a severa, y que puede acompañarse de náuseas, vómitos, sensibilidad a la luz, a los sonidos e incluso a ciertos olores. Incluso, puede presentarse un “aura”, que consiste en alteraciones visuales, sensoriales o del lenguaje que preceden al episodio doloroso. Son los síntomas de la migraña.
Se trata de una enfermedad neurológica que afecta significativamente la calidad de vida de quienes la padecen y que, de manera particular, impacta con mayor frecuencia a las mujeres por sobre los hombres. “Uno de los principales factores que explica la mayor frecuencia de migrañas en mujeres es la influencia de las hormonas sexuales femeninas, particularmente los estrógenos”, explica Morín Chaparro, académica de la carrera de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello, sede Concepción.
Hormonas y el ciclo menstrual
Para explicar la ocurrencia de las migrañas en las mujeres, la profesional sostiene que las hormonas sexuales femeninas, especialmente los estrógenos, tienen una influencia importante sobre el funcionamiento del cerebro. “Estas hormonas participan en mecanismos relacionados con la percepción del dolor y en la regulación de sustancias químicas como la serotonina, un neurotransmisor que juega un papel clave en la aparición de las migrañas”, afirma, agregando que “por esta razón, las variaciones hormonales que ocurren a lo largo de la vida reproductiva de la mujer pueden influir directamente en la frecuencia e intensidad de estos episodios”.
Morín Chaparro expresa que la migraña asociada al ciclo menstrual es una condición frecuente y puede representar un desafío importante para quienes la experimentan. Algunas mujeres describen estas crisis como más intensas, prolongadas y resistentes al tratamiento habitual que las migrañas ocurridas en otros momentos del mes. “Durante el ciclo menstrual, los niveles de estrógenos experimentan variaciones naturales. Cuando estos niveles disminuyen bruscamente, especialmente en los días previos a la menstruación, aumenta la susceptibilidad a presentar crisis migrañosas. Por esta razón, muchas mujeres reportan episodios recurrentes antes o durante los primeros días de la menstruación”, detalla.
Por eso, la académica UNAB recalca que “las migrañas menstruales suelen caracterizarse por ser más intensas, durar más tiempo y responder con mayor dificultad al tratamiento en comparación con las migrañas que ocurren en otras etapas del ciclo”.
¿Cómo reconocer una migraña?
Es muy importante conocer los signos de alarma que requieren una evaluación médica inmediata frente a un cuadro de migraña. “Entre ellos se encuentran la aparición súbita de un dolor extremadamente intenso, dolores acompañados de pérdida de fuerza, alteraciones del habla, confusión, convulsiones o pérdida de conciencia o cefaleas que comienzan después de los 50 años sin antecedentes”, dice la experta.
En cuanto al diagnóstico, recalca que es fundamentalmente clínico, donde el profesional de salud realiza una evaluación detallada de los síntomas. “La frecuencia de las crisis, los antecedentes personales y familiares, así como los posibles factores desencadenantes. En la mayoría de los casos no se requieren exámenes complejos, salvo cuando existen signos que sugieren otras enfermedades neurológicas”, afirma.
Claves
El abordaje de este cuadro requiere tratamientos específicos para las mujeres que presentan migrañas asociadas al ciclo menstrual. En ese sentido, Morín Chaparro advierte que todo esto dependerá de la frecuencia, intensidad y repercusión que tengan las crisis en la vida diaria de cada paciente. “En algunos casos, se pueden utilizar medicamentos preventivos durante los días previos y posteriores a la menstruación, mientras que en otros puede ser necesario un tratamiento continuo”, dice. Por eso, sostiene que es clave identificar y controlar factores desencadenantes, como el estrés, la falta de sueño, el ayuno prolongado, algunos alimentos (como café, chocolate, queso añejo) o los cambios en las rutinas diarias.
“El estrés emocional, la sobrecarga laboral, las responsabilidades familiares, la falta de sueño, los cambios en los horarios de alimentación y la escasa actividad física pueden actuar como desencadenantes. En la actualidad, muchas mujeres enfrentan simultáneamente exigencias laborales, académicas y de cuidado familiar, lo que puede favorecer una mayor frecuencia de episodios migrañosos”, finaliza.