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Programas educativos de conservación benefician a jóvenes en Atacama y el Parque Nacional Patagonia

Programas educativos de conservación benefician a jóvenes en Atacama y el Parque Nacional Patagonia
Programas educativos de conservación benefician a jóvenes en Atacama y el Parque Nacional Patagonia – Cedida.

Explora, junto con la Fundación Terevaka, está impulsando programas educativos de conservación e investigación dirigidos a jóvenes de entre 13 y 18 años en San Pedro de Atacama y en el Parque Nacional Patagonia. La propuesta, que nació en Rapa Nui y se replica en otros destinos donde opera la organización, busca conectar a los estudiantes con su entorno natural y cultural mediante herramientas científicas aplicadas al territorio. La palabra clave SEO seleccionada para esta nota es programas educativos, usada de manera estratégica.

El Gerente de Sustentabilidad de Explora, Juan Marambio, explica que “lo que busca este programa es conectar a los jóvenes con su medio ambiente y patrimonio cultural, a través de distintas metodologías de investigación. Con esto, el programa logra potenciar su compromiso de cuidado con el territorio y de despertar el interés de los jóvenes por formarse profesionalmente en este ámbito. Para Explora, apoyar este programa está firmemente alineado con nuestro propósito de conectar con el territorio y sus habitantes, al mismo tiempo que fomentamos activamente su cuidado y conservación”. Sus declaraciones refuerzan la importancia de promover programas educativos que fomenten el vínculo entre ciencia y comunidad.

Jornadas en terreno y formación científica temprana

Los participantes pasan por un proceso de postulación antes de iniciar la experiencia. Una vez seleccionados, acampan durante dos semanas en el área de estudio, donde desarrollan tareas como catastros de especies, mapeos de sitios contaminados, levantamiento de modelos 3D y elaboración de planes de conservación. Esta metodología permite que los jóvenes se vinculen directamente con el territorio y formen habilidades prácticas asociadas al ámbito científico.

Marambio también destaca que “de esta forma, no solo logramos que los jóvenes aprendan sobre los territorios que habitan, sino que también, obtienen información valiosa para municipios y otros actores, ya que ayudan a identificar los riesgos del territorio y así saber dónde se deben poner los esfuerzos de conservación”. Con ello, los programas educativos adquieren un doble propósito: fortalecer conocimientos y aportar datos relevantes a instituciones locales.

Resultados y proyección del modelo educativo

Desde su creación, más de 250 jóvenes han participado en esta iniciativa. Muchos de ellos han continuado estudios vinculados a ciencias ambientales, arqueología y otras disciplinas relacionadas. Además, los proyectos desarrollados en el programa llegan a convertirse en publicaciones científicas, lo que otorga una valiosa experiencia a los estudiantes.

En Rapa Nui, donde el modelo lleva más de dos décadas, se integra incluso al currículum de los liceos de los alumnos seleccionados. Su fundador, Brett Shepardson, explica que “el objetivo del programa siempre ha sido ayudar a conectar la cultura con la ciencia, el turismo con la conservación, y las formas de vida tradicionales con el desarrollo sostenible. El futuro se ve mucho más prometedor si empezamos a dedicar más tiempo a construir un vínculo apasionado entre los estudiantes de secundaria y los recursos culturales y naturales que los rodean”.

Impacto en la comunidad

El efecto de la iniciativa se extiende más allá del aprendizaje técnico. La monitora de TAO-ATA, Tami Fernández, sostiene que “el impacto de los programas de educación en jóvenes, sus familias y el territorio es totalmente significativo, ya que los niños y niñas desarrollan una conciencia sobre la importancia del patrimonio arqueológico y la preservación del entorno natural, lo que permite tomar decisiones informadas y reflexionar sobre su impacto en el medio ambiente y biodiversidad y preservación.”

Los testimonios y resultados muestran cómo estos programas educativos contribuyen tanto al desarrollo de los jóvenes como a la protección del patrimonio natural y cultural de los territorios.

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