La pubalgia suele asociarse al embarazo, pero este tipo de molestia también puede aparecer en personas físicamente activas, especialmente cuando existe una sobrecarga o un aumento repentino de la exigencia.
El dolor puede sentirse en la ingle o la zona del pubis y aparecer al correr, entrenar o realizar determinados movimientos. En algunos casos, las molestias pueden terminar limitando la actividad habitual.
La zona concentra músculos y estructuras que trabajan coordinadamente para correr, acelerar, frenar y cambiar de dirección. Por eso, una exigencia mayor a la que el cuerpo está preparado para soportar puede generar problemas.
¿Por qué puede aparecer al hacer deporte?
En personas que realizan actividad física, el dolor puede estar relacionado con distintas estructuras, entre ellas los músculos aductores, la región del pubis, la zona inguinal y la cadera.
Por esta razón, el concepto de pubalgia no necesariamente corresponde a una única lesión o enfermedad. La molestia puede aparecer producto de movimientos repetitivos, sobrecarga o cambios bruscos en la intensidad del entrenamiento.
Deportes como fútbol, hockey, rugby y tenis pueden generar una alta demanda sobre esta zona debido a la cantidad de carreras, aceleraciones, frenadas y cambios de dirección que requieren.
También existe riesgo cuando una persona aumenta repentinamente la frecuencia, intensidad o duración de sus entrenamientos, sin darle al cuerpo el tiempo necesario para adaptarse.
“Cuando hablamos de pubalgia en deportistas no necesariamente estamos frente a una única lesión. El dolor puede estar relacionado con los aductores, la región del pubis, la zona inguinal o incluso con estructuras de la cadera. Por eso, antes de indicar un tratamiento es importante determinar cuál es el origen de la molestia”, explica el traumatólogo especialista en cadera, Cristóbal Meirovich.
¿Cuándo conviene evaluar una molestia?
No todo dolor que aparece después del ejercicio significa necesariamente que exista una lesión importante. Sin embargo, hay señales que justifican consultar con un especialista.
Si la molestia persiste, reaparece al retomar la actividad o comienza a interferir con los entrenamientos y las actividades cotidianas, es recomendable realizar una evaluación.
Además, el dolor en la ingle puede tener diferentes causas, por lo que determinar qué estructura está involucrada permite orientar de mejor manera el tratamiento.
“Una molestia en esta zona no debería evaluarse solamente por la intensidad del dolor. También es importante observar si limita el movimiento, modifica la forma de entrenar o reaparece cada vez que se retoma la actividad. Esos antecedentes nos ayudan a orientar el diagnóstico y determinar si se requiere un estudio complementario”, señala el especialista.
¿La pubalgia puede requerir cirugía?
La cirugía no constituye el tratamiento inicial para todos los casos. En general, el manejo comienza con alternativas conservadoras que pueden incluir modificación de la actividad física, rehabilitación y ejercicios específicos, dependiendo del origen de la molestia.
Cuando las molestias persisten pese a un tratamiento adecuado y existe una lesión que puede corregirse quirúrgicamente, el especialista puede considerar una intervención.
La decisión dependerá de la causa del dolor, la lesión identificada y la respuesta al tratamiento previo.
“La cirugía se reserva para determinados pacientes. Primero necesitamos saber exactamente qué está produciendo el dolor y cómo responde al tratamiento conservador. Cuando existe una lesión susceptible de corrección quirúrgica y las molestias persisten pese a un manejo adecuado, se puede considerar una intervención”, explica el Dr. Meirovich.
¿Cómo reducir el riesgo de estas molestias?
Una de las principales medidas consiste en mantener una progresión adecuada de la carga física, evitando someter al cuerpo a exigencias para las que todavía no está preparado.
También es importante incorporar fortalecimiento muscular, respetar los períodos de recuperación y prestar atención a las molestias que aparecen durante la actividad.
Entre las recomendaciones se encuentran:
- Aumentar progresivamente la intensidad, frecuencia y duración del entrenamiento.
- Evitar cambios bruscos en la carga física.
- Incorporar ejercicios de fortalecimiento según las necesidades de cada deporte.
- Respetar los tiempos de recuperación.
- No mantener el entrenamiento habitual si existe un dolor que persiste o reaparece.
“Hacer deporte no debería asociarse a entrenar con dolor. La progresión de las cargas, el fortalecimiento y una recuperación adecuada son parte importante de una práctica deportiva segura. Si aparece una molestia que se mantiene, lo recomendable es evaluarla antes de que termine limitando la actividad”, concluye el traumatólogo especialista en cadera, Cristóbal Meirovich.