Septiembre marca el inicio de un período en el que históricamente las cifras de suicidio muestran un incremento en Chile. Según antecedentes del Ministerio de Salud (MINSAL), las tasas presentan una disminución entre febrero y agosto, para luego aumentar entre septiembre y noviembre y alcanzar sus registros más elevados durante diciembre y enero.
Entre 2010 y 2019, la tasa promedio observada llegó a 11,17 muertes por cada 100 mil habitantes mayores de cinco años. Se trata de un comportamiento estadístico a nivel poblacional y no permite anticipar situaciones individuales. Sin embargo, estos antecedentes refuerzan la necesidad de mantener las acciones de prevención del suicidio durante todo el año.
En este contexto, Sanndy Infante, psicóloga y docente de ADIPA, explicó cuáles son algunas de las señales que familiares, amigos y compañeros de trabajo pueden identificar cuando una persona atraviesa un momento de especial vulnerabilidad.
La especialista advirtió que el riesgo no siempre aparece mediante declaraciones directas. Por ello, prestar atención a cambios importantes en la conducta cotidiana puede convertirse en una oportunidad para acercarse y ofrecer apoyo.
Desesperanza, aislamiento y cambios de conducta requieren atención
Una persona que enfrenta pensamientos suicidas puede experimentar modificaciones importantes en su comportamiento, ánimo o rutina. Estos cambios no siempre resultan evidentes y pueden confundirse con dificultades pasajeras, por lo que resulta relevante observar variaciones persistentes o significativas.
“Las señales no siempre son explícitas. Puede aparecer desesperanza, sentirse una carga, hablar de no tener salida, despedirse, regalar objetos importantes, aislarse, aumentar el consumo de alcohol u otras sustancias o buscar formas de hacerse daño”, explica Infante.
La psicóloga también menciona otros indicadores que pueden generar preocupación, entre ellos alteraciones marcadas del sueño, abandono de actividades habituales, menor rendimiento, irritabilidad, agitación, retraimiento, impulsividad o un mayor descuido personal.
Las publicaciones en redes sociales también pueden entregar señales cuando expresan desesperanza, dolor emocional o despedidas. Frente a estos antecedentes, la especialista recomienda no ignorar los cambios ni asumir que desaparecerán por sí solos.
Uno de los obstáculos para la prevención del suicidio corresponde al temor de abordar directamente el tema. Sin embargo, Infante descarta que preguntar pueda aumentar el riesgo.
“Preguntar no instala la idea. Es un mito. Al contrario, suele abrir una puerta de alivio y ayuda”, señala la psicóloga y docente de ADIPA.
Ante una preocupación concreta, familiares, amigos o compañeros pueden expresar lo que han observado y preguntar de manera clara, respetuosa y sin juzgar. Si la persona reconoce que atraviesa pensamientos suicidas, resulta fundamental tomar sus palabras en serio y buscar apoyo oportunamente.
“El suicidio es multifactorial y dinámico”
La conducta suicida no responde necesariamente a un único elemento. La especialista explica que diferentes circunstancias personales y sociales pueden coincidir y aumentar la vulnerabilidad de una persona.
“El suicidio es multifactorial y dinámico. Una ruptura amorosa, una depresión o problemas económicos pueden formar parte de la historia, pero rara vez explican todo por sí solos. Reducirlo a una sola causa invisibiliza oportunidades de prevención”, plantea Infante.
Entre los factores que requieren atención aparecen antecedentes de intentos previos, problemas de salud mental, consumo de sustancias, dolor o enfermedades crónicas, violencia, experiencias traumáticas, aislamiento, discriminación, pérdidas, conflictos y dificultades económicas.
El antecedente de un intento previo constituye uno de los factores de mayor relevancia, mientras que la especialista identifica a adolescentes y jóvenes como grupos que también requieren especial atención ante situaciones como acoso, ciberacoso, violencia, consumo de sustancias o dificultades escolares.
La prevención del suicidio, sin embargo, no debe concentrarse exclusivamente en las personas jóvenes. Adultos y personas mayores también pueden enfrentar factores de riesgo, especialmente cuando existen situaciones de aislamiento, dolor crónico, dificultades económicas o discriminación.
Escuchar y buscar ayuda puede marcar una diferencia
Cuando una persona manifiesta pensamientos suicidas, la recomendación es escuchar sin juzgar, validar la importancia de lo que está expresando y evitar minimizar su experiencia.
Frases destinadas a restar importancia al problema, discutir con la persona o intentar convencerla mediante reproches pueden dificultar la conversación. En cambio, una actitud de escucha permite generar un espacio para que la persona pueda expresar lo que está viviendo.
Si existe una situación de riesgo inmediato, la persona no debe permanecer sola. También resulta importante contactar a alguien de confianza y solicitar apoyo profesional urgente.
En Chile está disponible el *4141, línea gratuita de prevención del suicidio que funciona las 24 horas, los siete días de la semana. Ante una emergencia, también corresponde acudir a un servicio de urgencias.
La especialista plantea además que la familia y el entorno cercano cumplen un papel relevante. Esto implica acompañar, facilitar el acceso a profesionales y evitar asumir en solitario la responsabilidad de resolver una situación compleja.
Las redes sociales presentan, a su vez, un escenario con aspectos positivos y negativos. Pueden favorecer la comparación, el hostigamiento y el aislamiento, pero también permiten detectar señales de preocupación y generar un acercamiento.
Por esta razón, Infante llama a mantener una comunicación responsable en plataformas digitales, evitando contenidos sensacionalistas y detalles que puedan resultar perjudiciales. En su lugar, recomienda privilegiar información relacionada con prevención, recuperación y alternativas de ayuda.
Para la psicóloga, los vínculos cotidianos pueden convertirse en un primer paso para acceder a apoyo especializado.
“La conversación no reemplaza la atención clínica, pero puede ser el puente para llegar a ella”, concluye Sanndy Infante, psicóloga y docente de ADIPA.