Bolivia enfrentará desde el 8 de noviembre una economía en desequilibrio: déficit fiscal alto, deuda cercana al 90 % del PIB, inflación que supera el 23 % y una economía dependiente del sector hidrocarburos.
Según dijo a Bloomberg Línea el economista Luis Fernando Romero Torrejón, quien gana la presidencia —entre Rodrigo Paz o Jorge Quiroga— asumirá un país con problemas estructurales.
El experto advierte que serán necesarios US$ 3.000 millones solo en los primeros meses para importar combustibles, pagar deuda externa y honrar compromisos previos.
Romero describe un desafío asimétrico y añade que Bolivia enfrenta un “dragón de tres cabezas”: inflación, escasez de dólares y crisis energética. Proyecta que el país entraría en recesión entre 2025 y 2027 con caídas del PIB real de −0,5 %, −1,1 % y −1,5 %.
La informalidad laboral alcanza el 80 %, la pobreza afecta al 40 % de la ciudadanía y más del 70 % tiene necesidades básicas insatisfechas. El crecimiento real en 2024 fue apenas 0,73 %, muy lejos de la meta oficial de 3,51 %.
Bolivia acumula más de una década con déficit fiscal, que este año podría llegar al 11 % del PIB. Para Romero, la estabilidad dependerá no solo de ajustes técnicos, sino también de la habilidad de gobernar con mínimos costos sociales.