El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este miércoles que su país no permitirá que China tome control del estratégico Canal de Panamá, una de las rutas marítimas más importantes del comercio mundial.
La declaración se produjo en el marco de crecientes tensiones geopolíticas entre Washington y Beijing, y refleja la postura de la administración estadounidense frente a la creciente presencia económica y de infraestructura china en América Latina.
Trump no solo rechazó la idea de que China pueda influir sobre el canal, sino que también calificó históricamente como un error haber transferido el control completo de la vía a Panamá a fines del siglo XX y ha insistido en que la influencia china sobre el comercio y logística global —especialmente en infraestructura crítica— representa un riesgo para la seguridad y los intereses de Estados Unidos.
El Canal de Panamá, inaugurado en 1914 y transferido a la administración completamente panameña en 1999 tras los Tratados Torrijos‑Carter, es operado por la Autoridad del Canal de Panamá y se mantiene bajo soberanía panameña, aunque empresas extranjeras han gestionado, históricamente, concesiones en puertos cercanos.
La preocupación expresada por Trump se enmarca en un contexto más amplio de competencia estratégica entre EE. UU. y China por influencia en la región, donde nexos comerciales, inversiones en infraestructura y alianzas políticas son vistos como herramientas de poder global.