El aumento de molestias en invierno no es solo percepción. “El frío genera cambios fisiológicos que afectan directamente a la articulación”, explica el doctor Ignacio Ortigosa, médico deportólogo de Clínica CRL. Entre ellos, destaca la vasoconstricción —menos flujo sanguíneo— y un líquido sinovial más espeso, lo que dificulta el movimiento.
A esto se suma que músculos y ligamentos se vuelven más rígidos, aumentando la sensación de dolor. Incluso factores como menor exposición al sol, peor calidad del sueño y cambios en el ánimo pueden intensificar la percepción de las molestias.
El verdadero problema: dejar de moverse
Pese a lo anterior, el especialista es claro: “El frío influye, pero el verdadero problema es dejar de moverse”. En invierno, la actividad física disminuye, lo que debilita la musculatura encargada de estabilizar las articulaciones.
Esto genera un efecto en cadena: menos músculo implica más carga directa sobre la articulación y, por ende, más dolor. Además, el reposo prolongado reduce la lubricación natural de las articulaciones, aumentando la rigidez, especialmente al levantarse o iniciar el movimiento.
Cada vez más jóvenes con artrosis
Aunque tradicionalmente se asocia al envejecimiento, la artrosis está apareciendo en personas más jóvenes. El aumento del sobrepeso, el sedentarismo y las lesiones articulares previas están adelantando su aparición.
“El músculo cumple un rol fundamental como amortiguador. Cuando falla, la carga recae directamente sobre el cartílago”, señala Ortigosa. A esto se suma un componente inflamatorio asociado a la obesidad, que acelera el deterioro articular.
Síntomas, señales y qué hacer para aliviar el dolor
El principal síntoma es el dolor mecánico, que aparece con la actividad y mejora con el reposo. También son frecuentes la rigidez al iniciar el movimiento, los “crujidos” articulares y la pérdida de movilidad.
En etapas más avanzadas, pueden aparecer deformidades, inestabilidad o limitaciones importantes para actividades cotidianas.
El tratamiento ha cambiado, ya que hoy el foco está en el manejo activo. “El ejercicio es la intervención más efectiva para la artrosis”, afirma el especialista. Actividades como caminar, andar en bicicleta o ejercicios de fortalecimiento ayudan a reducir el dolor y mejorar la función.
También se recomienda aplicar calor local, evitar largos periodos de inactividad y mantener un peso adecuado. Suspender el movimiento, advierten los expertos, tiene el efecto contrario: más dolor, más rigidez y peor calidad de vida.