En una conversación íntima y profundamente emotiva con Voces que Unen Chile, Magdalena Piñera Morel, profesora de historia, presidenta de las fundaciones de su familia e hija del expresidente Sebastián Piñera, compartió recuerdos, ideas y convicciones que dan vida a una misión: preservar y proyectar el legado de su padre como una herramienta de unidad y progreso para el país.
A más de un año del trágico fallecimiento del ex mandatario, Magdalena no solo lo recuerda con cariño, sino que ha asumido la responsabilidad de mantener vivas sus ideas, su compromiso con la democracia y su vocación de servicio público. “Todavía hay gente que se me acerca en la calle, en seminarios, o por redes sociales, para decirme cuánto lo echan de menos”, confiesa. “Ese cariño ha sido clave para enfrentar el duelo”.
La entrevista se transforma en un recorrido íntimo por la figura de Sebastián Piñera, no solo como jefe de Estado, sino como padre, académico, visionario ambiental y gestor de políticas públicas de alto impacto. Magdalena destaca su papel en momentos clave de la historia reciente, como la reconstrucción tras el terremoto de 2010 y el rescate de los 33 mineros, no como simples anécdotas, sino como ejemplos de una forma de gobernar basada en metas claras, exigencia permanente y sentido de urgencia.
“Hoy vemos cómo tras un año y medio del incendio en Valparaíso, aún hay familias sin una vivienda. Mi padre habría exigido soluciones en semanas. Para él, gobernar era estar presente 24/7. No concebía la displicencia ni la improvisación”, sostiene.
Desde ese mismo espíritu nacen los proyectos que hoy lidera: la Fundación Parque Tantauco en Chiloé, con foco en conservación y educación ambiental; la Fundación Futuro, dedicada al patrimonio y la cultura; la Fundación Piñera Morel, que impulsa el fomento lector y la red de Liceos Bicentenario; y la más reciente, la Fundación Presidente Sebastián Piñera, que busca poner en valor su legado en economía, empleo, educación y liderazgo regional.
“Mi padre no nació en 2010. Fue un académico brillante, un economista al servicio de lo público, un generador de ideas para reducir la pobreza, mejorar la educación, fomentar la innovación y unir a Latinoamérica en torno a la libertad y la democracia. Eso no puede quedar en el olvido”, afirma.
Magdalena habla con claridad, pero también con pasión. Denuncia la falta de foco del actual sistema educativo en la etapa preescolar, critica la postergación de leyes clave como la Sala Cuna Universal, y defiende con fuerza la necesidad de medir los aprendizajes. “Sin datos no hay política pública efectiva. No se trata de ideología, se trata de saber qué funciona y para quién”.
Más allá del tono técnico, Magdalena habla desde la convicción profunda de que la educación es el principal motor de igualdad y libertad. Como profesora, lo entiende desde el aula. Como hija, lo aprendió en casa. Y como ciudadana, lo proyecta como causa común. “Chile necesita diálogo, metas, urgencia y compromiso. Y también necesita recordar que las grandes transformaciones no se hacen desde la rabia, sino desde el amor al país”.
En tiempos de polarización y desconfianza, Magdalena Piñera se alza como un testimonio vivo de la vocación pública, una figura que, lejos de encerrarse en el duelo, ha optado por construir, tender puentes y mantener viva la memoria de quien, para muchos, fue uno de los presidentes más ejecutivos y transformadores del Chile democrático.