En Espacio Libre de Radio Agricultura, el director ejecutivo del IPSUSS, Jorge Acosta, advirtió sobre las consecuencias que tendrá el envejecimiento de la población y la baja natalidad en el sistema de salud chileno.
Según explicó, la combinación de menor capacidad productiva y mayores demandas sanitarias configura lo que calificó como “una tormenta perfecta en cámara lenta”. Frente a este escenario, recalcó la necesidad de avanzar con urgencia en políticas de fomento a la natalidad, estrategias de prevención y medidas que incentiven el control de pacientes crónicos.
El desafío sanitario del futuro
El gasto en salud en nuestro país tiene cara de adulto mayor y con enfermedades crónicas. ¿Qué desafío nos plantea aquello? El gasto hospitalario en Chile fue de 6 billones de pesos en 2023 y ha crecido un 94% a precios constantes entre el 2014 y el 2023, concentrándose en prestadores públicos, casi un 70%, y en las enfermedades no transmisibles, más de un 60%. Los adultos mayores de 65 años concentran cada vez más gasto hospitalario, pasando de un 23% el año 2014 a un 33% 10 años después, según lo que describe un análisis del Departamento de Estadísticas del Ministerio de Salud, conocido como el DES.
¿Qué desafíos supone este cambio demográfico para el sistema de salud chileno en términos de financiamiento y capacidad de atención? Tenemos sin duda un doble desafío. La baja en la natalidad implica un mayor envejecimiento de la población, pero también una disminución en la capacidad productiva del país. Estamos obligados a hacer más con menos.
No podemos tener tasas de crecimiento del presupuesto en salud como la hemos visto en las últimas décadas, 10 veces en 20 años. Asimismo, cada vez tendremos una población más envejecida y con mayores requerimientos sanitarios. Es una verdadera tormenta perfecta en cámara lenta que debemos enfrentar desde ya, aumentando la natalidad, la prevención de la enfermedad e incentivando el control de los pacientes crónicos.
Por otro lado, entre los 45 y los 64 años se observan gastos médicos anuales más altos. ¿Qué tipo de enfermedades predominan en este grupo etario y qué medidas de prevención podrían ayudar a disminuir esos costos? Principalmente deberíamos concentrarnos en el manejo adecuado de las enfermedades crónicas, de la diabetes, de la hipertensión, de la enfermedad pulmonar autocrítica crónica, entre tantas otras. Es fundamental aumentar la educación, el empoderamiento de los pacientes, hacerlos partícipes de su tratamiento, visibilizar los efectos dañinos de una enfermedad crónica mal controlada, diseñar incentivos para alcanzar los objetivos terapéuticos, fortalecer un acompañamiento con profesionales no médicos que eduquen, orienten y resuelvan dudas e incluso que controlen a los pacientes que están estables.
La enfermería, por ejemplo, tiene un rol inherente en ese sentido. Si tomamos algunos ejemplos concretos puede quedar un poco más claro por dónde avanzar. Por ejemplo, de las dos enfermedades que concentran una mayor parte del gasto hospitalario en Chile, como la colelitiasis y el infarto agudo al miocardio, podríamos preguntarnos cuáles son los factores que explican que estas enfermedades estén en los primeros lugares y cómo podría impactar la prevención en reducir ese gasto.
En primer lugar, la colelitiasis, las piedras en la vesícula, es muy frecuente en nuestro país más que en otro lugar del mundo, incluso por factores genéticos. No tratarla a tiempo puede generar complicaciones agudas e incluso a largo plazo, como el cáncer de vesícula. Por eso fue incluida en el GES, la coliciestectomía preventiva, en personas entre 35 y 49 años.
El problema es que habitualmente la cirugía de vesícula debería resolverse de forma ambulatoria, sin más de un día de hospitalización. No obstante, existen hospitales en nuestro país que pueden tardar en promedio casi nueve días, casi nueve veces más en dar un alta por este concepto. Ahí tenemos un espacio enorme para mejorar la productividad y disminuir el gasto.
Por otro lado, en el caso del infarto agudo al miocardio, es fundamental invertir en prevención y manejo de patologías que predisponen a su ocurrencia. Es mucho más costo efectivo tener pacientes diabéticos e hipertensos con un control adecuado, con los medicamentos modernos que sabemos que son efectivos y que ojalá puedan ser incluidos en las canastas del GES, en vez de atender un paciente que ya sea diabético, hipertenso, descontrolado y que se termine infartando. Lo mismo debería hacerse con obesos, con tabáquicos crónicos e invertir en que se normalicen paso a paso, que suspendan por ejemplo el tabaco y que va a ser mucho más costo efectivo para estos pacientes que llegar cuando el paciente ya se infartó.
Por último, considerando que el gasto en salud se concentra mayoritariamente en enfermedades no transmisibles, casi un 64%, uno podría preguntarse qué rol deberían tener las políticas públicas en educación, en alimentación, en promoción de estilos de vida saludables para reducir la presión financiera sobre todo el sistema hospitalario. Y para esto sin duda que es importante considerar que se debe facilitar el control de los pacientes en el sistema. Hoy es demasiado rígido, hay dificultades en los horarios de atención y en el acceso.
Lo mismo con el acceso a medicamentos, que debe ser más expedito. Utilizar la tecnología para que los pacientes puedan controlarse, por ejemplo, su presión, sus exámenes de manera remota en su casa y que de manera tal se pueda levantar una alerta cuando el paciente no alcance las metas terapéuticas. Asimismo, habría que potenciar medidas que ayuden al diagnóstico precoz y al control adecuado, como por ejemplo incluir la evaluación de salud con medición de presión y hemoglucotes para ver cómo está el azúcar antes de renovar la licencia de conducir, como se está haciendo actualmente.
Eso ha permitido una gran cantidad de diagnósticos de pacientes que comienzan a cuidarse y a estar más preocupados de su salud. También podrían presentarse incentivos económicos, por ejemplo, para aquellos pacientes bien controlados. Devolverle a las personas el fruto de su esfuerzo en controlarse, sin duda que sería algo positivo, ya que ese beneficio para su buena salud termina siendo un beneficio para todo el sistema.