La soledad laboral puede afectar incluso a quienes permanecen conectados, participan en reuniones y mantienen contacto frecuente con sus compañeros durante la jornada.
Así lo explicó la doctora Gabriela Moreno, integrante del directorio de la Sociedad Chilena de Medicina del Trabajo (SOCHMET), quien abordó este fenómeno y sus consecuencias.
“Trabajar solo no es necesariamente sentirse solo”, señaló. La soledad aparece cuando existe una brecha entre las conexiones que una persona mantiene y aquellas que necesita.
Una revisión de 49 estudios y más de 14 mil trabajadores vinculó este fenómeno con menor satisfacción, agotamiento y peores relaciones con las jefaturas, aunque los resultados no permiten establecer causalidad.
¿Quiénes enfrentan mayor riesgo?
Entre los grupos con mayor exposición aparecen trabajadores recién contratados, jefaturas, migrantes, minorías y personas que desarrollan sus funciones en faenas aisladas.
Moreno también explicó que no existe una modalidad laboral universalmente mejor. El teletrabajo entrega autonomía, pero puede dificultar la construcción de vínculos y redes de apoyo.
La especialista advirtió que la soledad tampoco tiene consecuencias exclusivamente emocionales, ya que puede influir en la motivación y seguridad laboral. “Un compañero no solo conversa: puede advertir un riesgo, detectar que alguien está sobrepasado o ayudar a detener una tarea insegura”, sostuvo.
Por ello, Moreno planteó una pregunta clave para la prevención: “¿Con quién puede hablar cuando tiene un problema?” El desafío, concluyó, es generar organizaciones donde la flexibilidad no produzca aislamiento y donde “trabajar solo no signifique estar desprotegido”.