El inicio del año escolar tras las vacaciones de verano representa más que un cambio de horarios. Especialistas de la Fundación Ilumina Sueños advirtieron que la vuelta a clases implica un proceso de ajuste emocional y cognitivo para niños, niñas y adolescentes, especialmente luego de semanas con rutinas flexibles y exceso de exposición a pantallas.
Desde la organización explicaron que muchos estudiantes regresan a los establecimientos educativos con menor capacidad de concentración, mayor inquietud y menor tolerancia a la frustración. Estas conductas, señalaron, no responden a problemas disciplinarios, sino a procesos propios del desarrollo que se intensifican cuando el uso de pantallas se prolonga.
“La vuelta a clases no es solo un ajuste de horarios, es un proceso de adaptación emocional y cognitiva. Cuando los niños, niñas y adolescentes vienen de un período con alto uso de pantallas, el cerebro necesita tiempo para volver a ritmos más estables. Por eso es clave que las familias acompañen este proceso con rutinas progresivas y espacios de contención, más que con exigencias inmediatas”, explicó Jocelyn Sepúlveda, directora de Educación de la Fundación.
Transición progresiva y acompañamiento familiar
La organización sostuvo que el desafío principal de la vuelta a clases radica en el cambio de ritmo diario. Los estudiantes pasan de entornos con estímulos constantes a espacios que requieren atención sostenida, convivencia y regulación emocional.
En esa línea, especialistas destacaron que el bienestar emocional debe considerarse tan relevante como el rendimiento académico. “El exceso de pantallas impacta especialmente en cerebros que están en desarrollo, porque aumenta la impulsividad y dificulta la tolerancia a la frustración. En la vuelta a clases es esperable ver más irritabilidad o desregulación, y eso no significa que algo esté mal, sino que los NNA necesitan acompañamiento, límites claros y tiempo para volver a regularse”, señaló Macarena Núñez, psicóloga infantojuvenil de la Fundación.
Este año, además, el retorno escolar coincide con la entrada en vigencia de una normativa que regula el uso de teléfonos celulares en los establecimientos educacionales desde marzo. No obstante, desde la entidad subrayaron que las políticas públicas no sustituyen el rol formativo de las familias en la educación digital.
La institución también entregó orientaciones para facilitar una vuelta a clases más tranquila. Entre ellas destacan priorizar el descanso, reducir la sobrecarga de actividades, retomar rutinas de forma gradual, fomentar espacios de diálogo y promover actividades físicas que ayuden a regular emociones y mejorar la concentración.
Asimismo, recalcaron que el ejemplo de los adultos en el uso de dispositivos influye directamente en los hábitos digitales de niños y adolescentes.
Desde la Fundación enfatizaron que este proceso de adaptación es común y que no debe abordarse desde la culpa, sino desde el acompañamiento. El regreso a las aulas puede transformarse, indicaron, en una oportunidad para ordenar hábitos, fortalecer vínculos familiares y promover un uso más consciente de la tecnología durante el año escolar.