Las labores de búsqueda tras los devastadores terremotos que sacudieron Venezuela hace más de una semana se saldaron con un hecho extraordinario: Hernán Gil, un hombre que quedó sepultado bajo los escombros, fue rescatado con vida tras permanecer durante más de siete días atrapado en un edificio colapsado en La Guaira.
Gil, de 43 años, era vigilante de seguridad en el centro comercial Playa Grande cuando los sismos, de magnitud 7,2 y 7,5, golpearon la costa venezolana.
Su caseta de concreto en el estacionamiento subterráneo quedó intacta entre los escombros, lo que le proporcionó un estrecho espacio con aire suficiente para sobrevivir hasta la llegada de los rescatistas.
Equipos de búsqueda y rescate de varios países trabajaron junto a equipos venezolanos en una operación compleja y delicada, marcada por la inestabilidad estructural de los restos del edificio. Los rescatistas lograron establecer contacto con Hernán varias horas antes de liberarlo y le suministraron agua y alimentos a través de sondas mientras avanzaban con el desescombro.
La misión involucró cooperación internacional, con brigadas especializadas de la Cruz Roja y equipos de rescate de países como Costa Rica, Chile, Estados Unidos, Portugal y México, entre otros, en un esfuerzo que se convirtió en símbolo de esperanza en medio de la tragedia.
El rescate de Hernán Gil ocurre en un contexto en que las autoridades venezolanas han reportado cerca de 2.295 fallecimientos y más de 11.000 heridos por los terremotos, con miles de personas afectadas por la destrucción de viviendas e infraestructura clave en la región costera.
Su liberación, después de días bajo los escombros, representa uno de los episodios más notables de estos difíciles esfuerzos de rescate, y ha generado alivio tanto entre sus seres queridos como entre la comunidad internacional que colaboró en la operación.