La dinámica en los hogares está cambiando radicalmente y las pantallas se han convertido en un comensal más. Diversos estudios globales están encendiendo las alarmas sobre cómo la tecnología está transformando la forma en que las familias se relacionan en su cotidianidad.
Una reciente investigación publicada en JAMA Pediatrics, liderada por la Universidad de Arizona, reveló que más del 75% de los padres utiliza dispositivos móviles durante las comidas familiares, mientras que cerca del 70% de los niños sigue el mismo patrón. Esta tendencia destruye uno de los principales espacios tradicionales de conversación y conexión.
En la misma línea, un estudio de The Family Journal titulado The Presence of Smartphones at Dinnertime concluyó que la presencia de teléfonos en la mesa dificulta que las familias se reúnan y disminuye drásticamente la comunicación cara a cara. Asimismo, una encuesta masiva a 2.000 familias publicada por The Guardian reflejó que solo una de cada tres comparte la comida diariamente, y una de cada cuatro reconoce que ya casi no conversa durante la cena debido a las distracciones digitales.
El juego de mesa como el “antídoto” a la desconexión
Frente a esta desconexión silenciosa, surge una actividad clásica, enfocada en el bienestar y la salud relacional que busca recuperar los espacios de encuentro. Desde Devir proponen abordar este fenómeno desde una mirada optimista y lúdica, transformando el juego en una herramienta concreta para fortalecer los vínculos.
“El juego de mesa no es solo entretenimiento; es un catalizador de comunicación. A diferencia de una pantalla, que aísla al individuo, el juego exige mirar al otro a los ojos, negociar, reírse juntos y compartir un espacio físico común sin distracciones tecnológicas”, explica Valeria Delcorto, gerente de marketing Devir Chile.
Estudios cualitativos en psicología del desarrollo, como el publicado en ResearchGate titulado “No puedo esperar para jugar contigo! Juegos de mesa intergeneracionales en familia”, demuestran que los juegos de mesa son una de las herramientas más eficientes para reducir la brecha generacional. La investigación concluye que jugar juntos permite que niños, padres y abuelos compartan un espacio horizontal donde se transmiten valores de manera natural, se comprende mejor al otro y se mejora sustancialmente la expresión de las emociones.
Volver a reunir a la familia alrededor de un tablero no solo mitiga el impacto de la desconexión digital, sino que promueve el desarrollo de habilidades blandas en niños y adultos, generando dinámicas de bienestar emocional.