El inicio del pontificado de León XIV se concretó este domingo con una solemne ceremonia en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. Con este acto, el cardenal estadounidense Robert Prevost asumió oficialmente como sucesor de Pedro, tras el fallecimiento del Papa Francisco.
Más de 250 mil personas y representantes de más de 150 países se reunieron para participar en la misa de inicio del ministerio petrino, marcada por elementos tradicionales de la liturgia católica y por su relevancia diplomática.
La jornada comenzó con una oración ante la tumba del apóstol San Pedro, acompañado por patriarcas de las Iglesias Orientales. Luego, en procesión, se trasladaron el Evangeliario, el Palio y el Anillo del Pescador hasta el atrio de la plaza.
Entrega de símbolos y palabras del nuevo Pontífice
Durante la ceremonia, tres cardenales entregaron al nuevo Papa las insignias episcopales. El cardenal Mario Zenari impuso el Palio, mientras que el cardenal Luis Antonio Tagle le entregó el Anillo del Pescador.
“Fui elegido sin ningún mérito y, con temor y temblor, vengo a ustedes como un hermano que desea hacerse siervo de la fe y de la alegría”, expresó León XIV al iniciar su ministerio.
El rito de obediencia también formó parte de la ceremonia. Doce personas, en representación del Pueblo de Dios, se acercaron al Papa para manifestar su fidelidad. Entre ellos estaba el cardenal brasileño Jaime Spengler.
El nuevo Pontífice destacó que el ministerio de Pedro debe fundarse en el amor y en la unidad. “El ministerio de Pedro está marcado precisamente por este amor oblativo, porque la Iglesia de Roma preside en la caridad y su verdadera autoridad es la caridad de Cristo”, afirmó.
León XIV: “Una Iglesia que une y sirve”
En su homilía, León XIV instó a construir una Iglesia abierta, cercana y fraterna. “Hermanos y hermanas, quisiera que este fuera nuestro primer gran deseo: una Iglesia unida, signo de unidad y comunión, que se convierta en fermento para un mundo reconciliado”, señaló.
Criticó el egoísmo, el odio y los sistemas económicos que marginan, llamando a poner la mirada en Cristo: “¡Miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela!”.
El inicio del pontificado marca una etapa que combina la defensa del legado de la fe con la atención a los desafíos actuales del mundo moderno. El nuevo Papa invitó a toda la Iglesia a ser un signo de unidad y amor misionero.